Un buen interior, llamado Miguel Muñoz

Corría el mes de febrero de 1943 y, tras proclamarse campeón de grupo de la Primera Regional guipuzcoana, el CD Logroñés buscaba refuerzos para afrontar con garantías la fase de ascenso a Segunda División. El día 27, la prensa anunció el fichaje de ‘un buen interior, llamado Miguel Muñoz, que luego sería una leyenda del Real Madrid como jugador y entrenador, así como un gran seleccionador nacional.

A sus 21 años, vino de voluntario a hacer el servicio militar en Aviación. Traía buenas referencias, tras su paso por el Imperio madrileño, y fichó por 10.000 pesetas (60,10 euros). Era delantero centro o interior y debutó en Las Gaunas el 28 de febrero de 1943 ante el Racing de Santander (1-0). “Tenía muy buena la pierna izquierda, pero la derecha la tenía de palo”, contaría en tono de broma Zósimo Ortigosa años después.

Estuvo una temporada y media en el Logroñés (1942-44). Luego, alcanzó las cotas más altas en el Real Madrid (1948-58), donde también jugaron otros exblanquirrojos, como Galarraga, Olmedo, Juanito Alonso y, más tarde, Ochotorena o Ruggeri. Según Ángel García ‘Caparrones’, sus compañeros solían llamarle ‘el músico’, “porque siempre estaba diciendo: ‘el juego, por las bandas’, ‘el juego, por las bandas…’”

Cobraba 250 pesetas (1,50 euros) al mes y vivía en la Pensión La Flor, en la plaza Amós Salvador. Fue el máximo goleador de Tercera en la temporada 1943-44 y, tres décadas después, el 27 de abril de 1974, se le hizo un homenaje en el Restaurante Villa Iregua, en el que se recordaron con agrado los momentos vividos en su época de futbolista. Al día siguiente, hizo el saque de honor en el partido Logroñés-Tolosa (6-0).

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Javier Caballero Wangüemert

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